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sábado, 3 de abril de 2010

viernes, 12 de marzo de 2010

Mi experiencia de la nevada

Ya han pasado cuatro días, pero todavía me dura la impresión. El lunes 8, día H, mientras hacíamos las cajas para la mudanza del despacho, no daba crédito a la precipictación de la nieve. Tomé unas fotos que, si algún día me veo con ánimos, colgaré en el blog. Pero había tanto por hacer y teníamos tan poco tiempo que no podía entretenerme en mirar el paisaje invernal. A eso de las 6 pensé, recapacitando: pero si esto está pasando en el Paseo de gracia ¿cómo estarán en mi casa?. Llamé a Esplugues y me dijeron que, si acaso, no fuera a casa a dormir porque no llegaría. No podía ser. Seguí haciendo paquetes y cajas, y, a las 7, me entró el run run: tengo que ir a casa, me dije, sea como sea. Salí a la calle con la esperanza de que los autobuses reanudarían su servicio. Hay que tener en cuenta que el metro sólo me deajaba a las afueras de Barcelona, pero para llegar a Esplugues solo podía hacerlo por bus o por tranvía. Al salir del metro, en plaza María Cristina, me asomé al exterior y era un paisaje dantesco: coches estancados en plena Diagonal, nieve y más nieve, gente con cara de desconcierto por no saber hacia dónde dirigirse, ... y me fui a la parada de autobus. Y allí estuve un rato, porque había gente que, ilusos como yo, pensaban que se reanudaría el servicio. Era una utopía pensar eso porque los coches que teníamos enfrente no se movían ni un centímetro. Así que abandoné la parada y me dispuse a iniciar un recorrido heróico: llegar a Esplugues andando. Suerte que llevaba un paraguas de esos lagos que me servía de bastón. Empecé con ánimo, con cuidado para no resbalarme. Al principio mis zapatos-bamba 24 horas resistían bastante bien, pero al cabo de unos metros de pisar nieve blanda y charcos, se quedaron totalmente empapados. La cosa es que empecé a no notarlos. Y también me entró el pensamiento de "¿será pruedente esto de llegar andando a Esplugues?". Aún así continué la marcha. A la altura de la Facultad de Derecho, en la parada del tranvía, vi uno (un tranvía) parado en la estación. Con mucha dificultad crucé la diagonal entre coches parados. Llegué al tranvía y observé que había pasajeros, poquitos. Fui a la cabeza y le pregunté al conductor que cuándo saldrían; me dijo que no saldrían hasta que le avisaran, que habría para un rato largo. A esas alturas, no notaba los pies. Así que le dije si podía entrar, al menos para rehacerme un poco y, el hombre, amablemente, me dejó entrar. Allí me senté calentita. Me quité los zapatos, puse los pies encima del asiento delantero (cosa que me horripila que hagan los otros en circunstancias normales)y me puse los casquitos de la radio para escuchar las noticias. Todo lo que llegaba del exterior era tan desesperante que me alegré de estar en ese tranvía, calentita, resguardada, ...catatónica. Hice algunas llamadas telefónicas, con la confianza de que en algún momento el vehículo arrancaría. Pasó una hora y no había visos del esperado arranque. Y entonces arranqué yo: hablé con las de mi casa y me dijeron que era imposible llegar porque la calle de subida estaba totalmente helada. Así que pedí "asilo" en un centro que hay sobre el CM Bonaigua y me acogieron. Cuando me iba a acostar en una cama calentita, me asomé a la ventana que daba a la diagonal y comprobé que el tranvía seguía allí parado. Al fin y al cabo tuve muchísima suerte.

viernes, 20 de febrero de 2009
















La "hospedería el comercio" era un restaurante en el que, en tiempos de la Guerra civil,concretamente el 9 de octubre de 1937, camino de los Pirineos, estuvieron tomando algo en una terraza Pedro Casciaro y san Josemaría y algunos otros. Don Pedro era el único que tenía los papeles en regla. Mientras estaban allí vinieron los milicianos registrando los documentos de la gente que estaba allí. Don Pedro se puso muy nervioso y san Josemaría le dijo que se tranquilizara que no les iba a pasar nada. Efectivamente, cuando llegaron a la mesa le pidieron los papeles a Pedro, éste se los enseñó y pasaron de largo. 

La conversación exacta se encuentra en un texto en un patio interior de La Lloma, en el que se encuentra el rótulo de esa hospedería. Años después, algunos intentaron identificar el lugar exacto en el que se había producido ese hecho. Les costó entre otras cosas porque ya habían cerrado el restaurante. Sin embargo, pidieron el rótulo y se lo dieron. 

Espero que os haya gustado.

Sería bueno ir rescatando fotos antiguas de la familia y que, aldedor de ellas, salieran comentarios.